Smith I

Léase con la voz rasgada.

Era la típica noche lluviosa de Nueva York. Se percibía un ambiente oscuro. La luz de la farola de la calle penetraba por la ventana, apuntando a mi escritorio desordenado. Los truenos y rayos hacían que estuviera intranquilo. No va a ser una buena noche. Una chica rubia con el pelo mojado y gabardina entro en mi oficina.

-¿Es usted el detective Smith?

Asentí lentamente. Se quito la gabardina y dejo mostrar su despampanante cuerpo. Un vestido rojo y corto de gran escote hizo que brilla la habitación. Realmente me di cuenta de que era la chica misma la que brillaba. No sé si eran su profundos ojos azules, sus carnosos y rojos labios o sus enormes y redondos pechos, pero brillaba. Observe como se sentaba en la silla en frente del escritorio mientras yo estaba de pie, apoyado junto a la ventana. Me senté en frente de ella y encendí un cigarrillo.

-Tu dirás – dije con gesto serio.

Las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos. Empezaron los sollozos. No va a ser una buena noche.

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Resulta que habían matado a su marido, como no. Seguro que es el típico viejo de corbata, ricachón, que necesita una mujer trofeo como ésta para fardar delante de sus colegas mientras fuman puros cubanos ilegales y ven como sube su cuenta bancaria. Era. Parece que lo mataron a sangre fría por la espalda. Que cabrones. El también lo sería, seguro. Tendría algún negocio con la mafia, alguna deuda sin saldar, vete tu a saber.

– ¿Por qué crees que lo han matado? ¿Tenía algún enemigo su marido?

– Sé que mi marido no era un buen hombre, pero era mi hombre. -noté tristeza en su voz. Tal vez estuviera enamorada. Lo dudo.- Nunca me hablaba de lo que se llevaba entre manos, prefería guardárselo bien en secreto, pero parece que la policía no quiere saber nada. Creo que hay algo detrás pero…

– Mi tarifa es de 30$ la hora, gastos aparte.

– No me importa el dinero, solo quiero que se descubra quién anda detrás. -no sé yo.

– ¿Venganza? – Se produjo un silencio más largo de lo que hubiera deseado – Necesito algún sitio donde empezar.

Me dio las llaves de su casa y de las oficinas de su marido. Se levanto, cogió la gabardina y se marcho. Mi oficina se volvió a inundar en el típico gris al que me tiene acostumbrado. A pesar de la tristeza que me transmitió, me dio un halo de esperanza para seguir con esta mierda de vida.Sarrera gazteleraz bakarrik eskuragarri.Post only available in spanish.

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